Doctora María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787)
Médica Clínica UBA / Endocrinología UBA
La hipoglucemia es un descenso brusco de la concentración de azúcar en sangre por debajo de los niveles normales. En el Día Mundial de la Diabetes, síntomas para reconocer el cuadro y recomendaciones para prevenirlo
La hipoglucemia es una disminución del azúcar en la sangre por debajo de 60 mg%, que produce un cuadro de irritabilidad, hambre, sudoración, temblores, palpitaciones y, según la gravedad, llega a causar convulsiones, un estado de coma e incluso la muerte. Estos síntomas se desencadenan debido a que el primer órgano que responde a la carencia de azúcar en la sangre es el cerebro, y lo hace en forma rápida porque depende absolutamente de ella.
Con respecto a la hipoglucemia en forma brusca, podemos distinguir diversas causas. Se da en los pacientes diabéticos medicados con insulina (que disminuye el azúcar en la sangre), cuando se exceden en la dosis o se dan la dosis correspondiente pero luego no comen y/o hacen un ejercicio desmedido. Los cuidados de un diabético insulinodependiente son una orquesta en la que todos los instrumentos deben estar afinados, y el paciente debe ajustar la dosis de insulina con la cantidad de comida y la intensidad del ejercicio que realiza.
Otra causa habitual de hipoglucemia, menos grave que la anterior, se presenta en los pacientes ancianos que toman pastillas por la noche para controlar la diabetes tipo II, y luego no comen o comen muy poco, y en ellos se puede dar una hipoglucemia nocturna.
Además, es muy frecuente que se dé la hipoglucemia en personas obesas o con sobrepeso, que tienen una insulina alta en ayunas. Estos pacientes pueden tener “hipoglucemias postprandiales”. Es decir que cada vez que estas personas comen azúcar y harinas refinadas (facturas, caramelos, pan, etc.) provocan una subida mayor de insulina anormal, que puede generar una disminución del azúcar en la sangre.
Por otro lado, un ataque de pánico usualmente se identifica con síntomas similares a los de la hipoglucemia. Y, por supuesto que un cuadro real de hipoglucemia puede desencadenar un verdadero ataque de pánico, dado que es una sensación muy desagradable que el paciente vivirá con mucho temor.
¿Cómo discernir, entonces, entre una u otra patología? El diagnóstico se hace por los síntomas del paciente, los hábitos alimentarios, y por un análisis de sangre en el que se miden la glucosa y la insulina en ayunas, y a las 2 horas, luego de una comida rica en azúcares. Si después de este estudio el valor de glucosa es menor a 100 y la insulina es mayor de lo normal, entonces podemos pensar en un diagnóstico de hipoglucemia. En el caso del ataque de pánico, la glucosa en general se mantiene normal.
Sobre la enfermedad
En la Argentina hay 2.800.000 enfermos de diabetes, y se estima que para el año 2030, 1 de cada 10 adultos podría padecer este mal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo hay 346 millones de personas con diabetes y probablemente para 2030 se duplique la cifra.
Se trata de una de las enfermedades llamadas “silenciosas” porque sus consecuencias no generan síntomas significativos hasta un estadio avanzado. Sin embargo, es posible mitigar los efectos de este mal, en favor de una mejor calidad de vida.
Respecto de esto, podemos afirmar que la diabetes II se presenta como consecuencia de una alimentación con alto consumo de azúcar. Esto, sumado a elevados niveles de estrés y el desarrollo de obesidad, son los principales factores que derivan en el mal funcionamiento del páncreas y su producción de insulina, y en este tipo de diabetes. Hasta el día de hoy, si bien tiene tratamiento, no se halló la cura.
A diferencia de la tipo II, que se relaciona directamente con la obesidad, la diabetes tipo I -también llamada diabetes juvenil- es una enfermedad autoinmune, en la que las células de la inmunidad atacan al páncreas, que es el órgano que produce insulina.
Asimismo, está comprobado que las emociones afectan los niveles de glucemia. Por eso, la diabetes originada por las tensiones nerviosas y conflictos emocionales, es la llamada “diabetes emotiva”.
La experiencia con pacientes demuestra que aunque un diabético no haya comido durante más de 15 horas, puede tener una glucosa en sangre arriba de lo normal por haber pasado una situación de angustia, ira o ansiedad. Esto tiene una explicación hormonal muy clara: cada vez que nos ponemos nerviosos sube un neuroquímico llamado adrenalina, y esta sustancia estimula directamente la glándula suprarrenal aumentando el cortisol. Estas dos sustancias normalmente suben el azúcar en la sangre, sacándola del hígado, y así se producirá un cuadro de hiperglucemia en un diabético.
