Maternidad: por qué nos parecemos a la madre que criticamos

Casi como una regla infalible, cuando a cada uno le llega el momento de criar a sus hijos, se descubre haciendo ¡y diciendo! cosas que solía recriminar a sus padres en la infancia y adolescencia. ¿Es inevitable escapar a esa herencia?

“Ya me vas a entender cuando seas madre”, “eso lo decís ahora porque no tenés un hijo”….son algunas de las frases con las que más de una madre habrá respondido a los reproches de sus hijos. Infobae.com consultó a la licenciada en Psicología Cristina Benchetrit (MN 10707), especialista en terapias sistémicas para conocer más acerca de ese “legado” aparentemente imposible de evitar.

¿Es infalible eso de que vamos a entender a nuestros padres el día que lo seamos?

El día que un hijo es además padre, entiende bastante más aquellas cosas que criticaba de él. Obviamente el pasar por la experiencia, como en toda situación, nada queda igual. La posibilidad de entender con el corazón es otra. Aun así, no siempre ocurre, hay gente tan enojada con lo que vivió como hijo que hasta rompió lazos y a veces hacen difícil que eso ocurra. No obstante las chances de que pueda entender, al menos algo, es mucho más alta que cuando no se lo vivió. Un caso típico es con los permisos para salir, seguro que como padres no piensan que está genial volver a cualquier hora, ni saber con quién salís, aunque en su adolescencia hayan ido a bailar todos los fines de semana.

¿Cuánto de los propios padres tenemos a la hora de desempañarnos en ese rol?

Tenemos mucho más de lo que creeríamos tener si nos lo hubieran preguntado antes.

En principio, es el primer modelo que tenemos de familia y aunque criticamos cosas, tenemos esas características incorporadas, es nuestra historia. Y se puede asegurar que nadie cambia su historia por la de otro. Una de las pruebas de esto, es que nosotros podemos criticar a nuestros padres, pero cuando lo hace otro, por ejemplo nuestra pareja, poniendo su familia como ejemplo, ¿cómo reaccionamos?

¿Por qué se supone que repitamos aquello que tanto criticamos?

En realidad aprendemos un combo, no todo nos parece mal y lo interesante es que viene todo junto. Todos no tenemos esa capacidad de discernir, y ver lo que sirve y lo que no, aquello en lo que debiéramos seguirlos y aquello en que no. La misma característica que tiene su crítica contiene también su virtud. Es una tarea difícil poder diferenciar, por ejemplo: puedo criticar que mi madre fue muy permisiva, sin embargo eso viene de la mano de ser buena, considerada, indulgente…¿Son esas características que no quisiéramos repetir? ¿Sabemos quitar la paja del trigo?

¿Qué pasa cuando la relación o el recuerdo de los padres no es el mejor?

Cuando la relación y/o el recuerdo no son lo mejor estamos aún en peores condiciones. Ahí se abre el dilema de ser diferentes pero a tal punto que no hacemos otra cosa que mostrar la otra cara de la misma moneda. Tenemos un modelo que no nos gusta, estamos enojados, y aunque veamos otros modelos, son prestados….¿los tomamos? ¿O más bien nos oponemos al que tenemos, creyendo hacer algo diferente? Sin duda lo será, pero hasta qué punto que a veces cometemos los errores contrarios. Y así se suceden las generaciones, por eso se habla de la importancia de la tercera generación en la “herencia” de hábitos y costumbres.

Lo mejor, entonces, será conocer nuestra historia, analizarla y luego de un duro proceso de aceptación, tomar lo que sirve y dejar aquello que no nos parece. Obviamente esto no es fácil, porque lo más habitual es que esto pase inadvertido y con el fin de afirmarnos a nosotros mismos, repetimos la historia o hacemos exactamente lo opuesto que con vueltas más, vueltas menos…termina generando lo mismo.

Un café psicológico, para pensar

¿Nos parecemos a las madres y padres que criticamos? ¿Por qué?

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